Luis de Trelles, seglar

“Pertenece a todo creyente católico ser, en el mundo de hoy, un destello luminoso, un foco de amor y fermento en medio de la masa, y cada uno lo será según la medida de su unión con Dios”, (San Juan Pablo II)

Don Luis fue un cristiano laico que recibió todos los sacramentos menos el orden sacerdotal. Fue sencillamente un cristiano seglar  que dedicó su vida a su profesión secular como abogado, periodista y político, y vivió su vida de fe cristiana en el mundo, con una entrega tal, que estuvo a punto de dar la vida por ella, como  muchos santos.

Su vida se desarrolló en una época de crisis moral, de indiferencia, de apostasía y de persecución religiosa, en pleno siglo XIX.  Eran tiempos aciagos, y en esta situación el Venerable vivió su vida de fe de una manera heroica: trató de contrarrestar el mal con el bien,  buscando una restauración social dirigida por el único camino seguro de obtenerla: por el amor, por la adoración, por el culto ferviente, por las constantes expiaciones ofrecidas al Dios de la Eucaristía, para lograr la instauración del reinado de Cristo  en toda la tierra.

Como recursos para conseguir este Reinado de Jesucristo buscó los medios más adecuados:

  • La oración y el sacrificio.
  • La Comunión y la adoración al Santísimo.
  • El apostolado y la catequesis.
Foto_Trelles
Luis de Trelles y Noguerol

El Venerable confesó su fe católica, cooperando con los sacerdotes, Obispos y el Papa en la tarea de difundir y acrecentar la fe en los ámbitos  donde él actuaba, como un apóstol  imbuido del sentimiento de que todo cristiano, por el hecho del bautismo, es un miembro activo que debe propagar sus valores cristianos con el testimonio de su vida y su fidelidad a la Iglesia, de forma continuada. Puso su vida entera al servicio de su Señor, descubrió el amor de Dios y se entregó a El sin reserva y en su trayectoria descubrimos una rica espiritualidad. Este tema sobre lo heroico de sus virtudes lo vamos a distribuir en tres secciones para manifestar sus cualidades:

1.- Los diversos campos de trabajo donde vivió su testimonio  cristiano.

1.1- El primero de estos campos fue la sociedad civil, donde él ejerció su profesión como abogado,  jurista y periodista. En ese ambiente trató de  vivir su fe cristiana con espíritu apostólico. Colaboró en innumerables obras apostólicas y de culto. Y su labor catequética la desarrolló sobre todo en escritos y publicaciones, de una manera especial en la publicación de la Revista “La lámpara del Santuario”, una revista eucarística de 40 páginas mensuales que él publicó durante 21 años, de la que era propietario, director y casi único redactor.

En el ejercicio de su profesión de abogado y jurista promovió siempre la justicia y el derecho, defendió a los  marginados y desheredados. Esta vocación de abogado la ejerció toda su vida. Se preciaba de su oficio de abogado defensor de causas. Y esta profesión la vivió como un deber de defender siempre la verdad, de amparar a los pobres y marginados.

1.2.-Como periodista, su segunda vocación, desempeñó una gran actividad. Su dedicación a la prensa fue polifacética y creativa y en ello dedicó tiempo, energías esfuerzos e ingenio, y don Luis hizo de la prensa periódica un instrumento crucial  de la catequesis, cuando en su tiempo, casi todas las publicaciones  desarrollaban una labor secularizadora y anticristiana, él escribía para propagar el reinado social de Jesucristo, sin acobardarse ante la persecución y el acosamiento. En sus escritos defendió siempre la Iglesia Católica, la verdad y la justicia.

2.-  Como defensor de los marginados.

La obra heroica de redentor de cautivos.- El Venerable realizó una tarea ingente, en el canje de prisioneros de guerra, cuando en España se enfrentaron dos bandos contrarios en una guerra fraticida y en ese escenario realizó una campaña extraordinaria, consiguiendo liberar a más de 20.000 prisioneros que estaban condenados a toda clase de penurias e incluso a la muerte. Fue una tarea durísima, que acarreó a don Luis muchos y duros sufrimientos, ingentes sacrificios, incluso tuvo que pasar por injurias y difamaciones, y todo lo llevó por amor a Dios y por liberar a los cautivos de sus sufrimientos.

3.- Virtudes del Venerable.

 El itinerario de la vida del Venerable, nos muestra que siempre mantuvo una línea de fidelidad a sus principios cristianos, y  sin duda que a lo largo de su vida sintió  que la mirada de Jesús se posaba sobre él y en algún momento tuvo un encuentro de amor con el Señor. Aunque no sabemos con certeza cuando se realizó ese encuentro, hay un momento que fue  decisivo: fue la visita que hizo a Francia, cuando por primera vez adoró a Jesús Sacramentado de noche en Paris. A partir de ese momento su vida cambió y se centró en la adoración del Santísimo Sacramento. Es el amor a Jesucristo Sacramentado lo que conduce a don Luis de manera irresistible a confesar su fe en la plaza pública y a ofrecer los medios y las ayudas a todos los españoles para que también ellos hagan lo mismo, y a partir de entonces concentró  todos sus esfuerzos  hacia el único objeto: proclamar la grandeza del sacramento de la Eucaristía. En este empeño el Venerable actuó siempre con humildad y discreción.  Nunca buscó el ruido ni la ostentación.

En todas sus actuaciones, el Venerable se guió por tres principios que fueron las notas distintivas de su espiritualidad: 1.- El planteamiento seglar  en todas sus actividades. Fue un laico humilde que confesó a Cristo Sacramentado entre los laicos lo mejor que pudo, y buscando con delicadeza que otros muchos laicos hicieran lo mismo; y a eso dedicó todos sus esfuerzos.

Mantener de forma práctica esos tres principios le costó al Venerable muchos pesares y sufrimientos que él ofreció al Señor  en forma de ese  corazón contrito y humillado que él nunca desprecia. Él fue un confesor eucarístico, humilde y laico, que quiso alabar al Dios de su corazón y a su Señor Jesucristo con la boca pura de los confesores, con la candidez de las vírgenes, con el ardor de los mártires y con el amor de las almas santas. Eran su salvación con amor y temblor aquí en la tierra, y después de haber muerto, propagan, contagian y dilatan la timiama de sus virtudes.

Y estos deseos del Venerable se han visto colmados por la gracia de Dios, porque el aroma de sus virtudes, que él ocultó con tanto cuidado, se expande hoy en la Iglesia y lo perciben todos los que, de alguna manera, hemos llegado a tener ese encuentro con don Luis. Su ejemplo nos muestra la belleza de sus virtudes y lo valioso de su testimonio, de tanta actualidad en los tiempos que corremos, que ciertamente guardan gran similitud con  los que él vivió. De él podemos aprender los seglares cristianos a dar testimonio en nuestro mundo tan necesitado de testigos.