Frases con significado

Espigando en los escritos de don Luis de Trelles, encontramos frases y dichos que son como destellos de luz que expresan la riqueza de su alma enamorada de Jesús Sacramentado, y muestran el fuego apostólico de su corazón que ansiaba expandir en todo el mundo el culto y el amor a Jesús Eucaristía.

Fascinados por la belleza de estas expresiones, nos ha parecido interesante seleccionar algunas frases, que iluminan nuestro camino y pueden ser útiles para que los adoradores de Jesús Sacramentado o cualquier otra persona piadosa, se sirvan de ellas en su meditaciones y en su escritos o reflexiones.

Nos ha parecido, para mejor comprensión, agrupar las frases por virtudes o valores. Y así poder escoger las que en cada momento nos parezcan más adecuadas a nuestra situación o necesidad.

Humildad

Comencemos por humillarnos mucho y sinceramente, porque el temor de Dios es sabiduría, y apartarnos del mal, inteligencia”.
(L. S. Tomo XXI, 1890, Pág. 121-227)

Humillarse es ejercitar muchas virtudes: la fe, la esperanza, la caridad; coloca al hombre en su puesto respecto a Dios, pues reconoce su miseria y la grandeza del Señor”.
(L.S. Tomo XVI , 1885, Pág. 186-187)

Humillémonos siempre más y más para atraer la mirada del Señor que ha dicho por el profeta: ¿A quien miraré yo, sino al pobrecillo? El Evangelio nos enseña que después de hacer todo lo que nos está mandado, reconozcamos y digamos que somos siervos inútiles”.
(L. S. Tomo XV, 1884, Pág. 186-189)

Las obras de Dios, son siempre de Dios, así en su origen, pues nacen de su inspiración, como en su desarrollo… Jamás podemos atribuirnos nada en las obras buenas”.
(L. S. Tomo XVI,1895, Pág. 186)

Cuanto más excelente es la obra, más requiere la humildad, por eso nuestra tarea ha de fundarse en la más cuidadosa renuncia a toda vanidad personal”.
(L.S. Tomo XVI, 1885, Pág.187)

La humildad y el afecto, son los polos, por decirlo así, sobre los que debe girar nuestra ocupación en el acto de hacer la guardia de honor”.
(L. S. Tomo XXI, 1890, Pág. 224)

Queremos el don secreto, íntimo del Corazón de Jesucristo, sin el aplauso de los hombres, ni la aprobación aún de los mismos devotos”.
(L. S. Tomo XVI,1885, Pág. 20)

Perfección en lo pequeño

No hay cosa pequeña en nuestra práctica que se deba omitir, ni disculpas para nuestra falta de perfección en la obra. El reposo en la meditación, las genuflexiones bien hechas, la atención esmerada a lo que debemos hacer, la oración de desagravios… Todo se ha de hacer con espíritu de perfección”.
(L. S. Tomo XI, 1880, Pág. 89-93)

La disciplina y la obediencia, son necesarias en toda obra, y con mayor motivo en la nuestra (la adoración), por el fin que pretende”.
(L .S. Tomo XIII, 1882, Pág. 182)

El lenguaje, el ademán, la actitud, la compostura del hombre son el traslado visible de los afectos invisibles… han de corresponder a la dignidad sobre excelente de la Persona a quien se adora, porque la adoración es amor”.
(L .S. Tomo XIII, 1882, Pág. 143)

Hay tal correlación y armonía entre el cuerpo y el espíritu… que todo cuidado que pongáis en rezar bien, asegura la participación del alma en la obra material del cuerpo”.
(L. S. Tomo XX, 1889, Pág. 103)

Todo se ha de practicar con espíritu de perfección… como quien ejecuta una obra de perfección” (La adoración).
L. S. Tomo XI, 1880, Pág. 189)

El amor

La caridad o amor de Dios, es el punto central del alma hacia Dios”.
(L. S. Tomo IX, 1878, Pág. 123)

Nada parece pequeño e insignificante para el que ama, con tal que tenga conexión con el amado, o de él procede o al mismo se dirija”.
(L. S. Tomo VII, 1876, Pág. 262)

La adoración es un acto de amor que no se puede aquilatar, porque si el amor obrase con razón, no sería amor, pues que la condición especial del amor produce un estado del alma que sale de sí y traslada su propia vida al amado, por quien vive y con quien vive espiritualmente”.
(L. S. Tomo XIII, 1882, Pág. 260-265)

Empleemos cuidadosamente nuestro tiempo en repetidos actos de amor y reparación por aquellos pecados (cometidos) contra la debida reverencia a Jesús Sacramentado”.
(L. S. Tomo XIII, 1882, Pág. 36)

Si todas las acciones del hombre se rigen por el amor, ¿qué será la adoración a Dios? Fácilmente adivinamos que es su acto de amor por excelencia”.
(L.S. Tomo IX, 1878, Pág.123)

En la comunión del alma con Dios, El Señor realiza sus promesas, sin que pueda conocerse ni adivinarse el modo como lo realiza”.
(L.S. Tomo I, 1870, Pág. 330)

La contrición es otro afecto de la adoración, porque no se puede amar de veras, sin sentir pena de haber ofendido al amado”.
(L. S. Tomo IX, 1878, Pág. 123)

Fé y confianza

La Providencia jamás se desmiente, no omite sus amorosos cuidados en todos las esferas de la vida del hombre”.
(L. S. Tomo VII, 1876, Cubiertas del cuaderno 2º)

Las sociedades, como los individuos tienen su ángel de la guarda, que a veces inspira a los hombres de gobierno ideas buenas, que ellos mismos no se confiesan, porque no tienen fe en lo que acontece. Hacen el bien, como ellos mismo creían no querer”.
(L. S. Tomo VII, 1876, Cubiertas cuaderno 6º)

Si pudiésemos descubrir la acción lenta y eficaz de la providencia divina operando en el hombre con el cincel del dolor, se abismaría el alma en un piélago de gratitud por aquello mismo que el hombre deplora”.
(L. S. Tomo 2, 1871, Pág. 245-249)

El mal físico acrisola, purifica, eleva el alma en alas de la fe a los altos espacios del espíritu, aflojando los vínculos de la carne con el cuchillo de dos filos de la mortificación”.
(L. S. Tomo 2, 1871, Pág. 245-249)

Entran en el adorable plan de un amor providencial, las adversidades y los dolores, y todas las alternativas de la vida humana”.
(L. S. Tomo V, 1874, Pág. 401-405)

Espíritu de oración

Lo que cumple hacer en esta guardia nocturna que hacemos al Santísimo Sacramento, velar por los que descansan para que el Señor los defienda de todo mal… y orando de esta suerte pedimos también implícitamente por nosotros mismos y por nuestra santificación”.
(L. S. Tomo VIII, 1877, Pág.458)

La oración y la meditación son el alma de la adoración a Dios en espíritu y en verdad, y lo mejor de ese acto espiritual es la súplica por todos los hombres,…cooperando a la salvación del mundo pecador”.
(L. S. Tomo XXI, 1890, Pág.221-227)

Conviene… el culto íntimo del alma, la oración ferviente que la meditación saca del fondo de nuestro ser, la súplica devota, humilde y fervorosa… y las erupciones del corazón encendido en el amor divino por el suave soplo del Espíritu Santo”.
(L. S. Tomo XV, 1884, Pág. 417-423)

Venimos los adoradores a asociarnos a Cristo, a inmolar místicamente nuestro corazón con el suyo, y a ofrecernos a Dios por nuestros pecados y de nuestros hermanos, uniendo nuestra oración a la de Cristo el Señor”.
(L. S. Tomo XVIII, 1887, Pág.170)

La Adoración Nocturna no ha de buscar su gloria, sino la de los demás, pues somos soldados de Jesús Sacramentado, somos guardias de honor, somos guardias de oración y sólo debemos hacer lo que hace Cristo: Pedir al Padre por todos los hombres”.
(L.S. Tomo XVIII, 1887, Pág. 170)

No puede haber ocupación mejor, ni que más bien responda a la vocación del cristiano que la de adorar a Dios en la Eucaristía”.
(Manuscrito de la Sección de Zaragoza, 1884)

Entrego a vuestra meditación cuatro ideas cardinales: la alegría de nuestra vocación, la regla de nuestra obediencia, la paz en el alma… y la confianza en Dios por la oración”.
(L. S. Tomo XVII, 1886, Pág. 147)

La prisa en rezar atestigua la falta de devoción y produce la monotonía, convirtiendo la obra en maquinal y la hace estéril”.
(L. S. Tomo XX, 1889, Pág.103)

Rezando con reposo, sentiréis en lo íntimo del alma la dulzura que produce una buena acción y esa quietud y paz interior que atestigua la presencia de Dios”.
(L. S. Tomo XI, 1880, Pág. 91-92)

Llevando al pie del Sagrario la ofrenda de nuestro corazón, cuando se mira abandonado y solo en la noche silenciosa, se recibirá, quien lo duda, alguna de las gracias que rebosan de las divinas manos”.
(L. S. Tomo IX, 1878, Pág. 123)

Dos son, por lo general, las causas por las que la oración no tome la senda de perfección cristiana que sería capaz de convertir el mundo: Falta de meditación y falta de fe”.
(L. S. Tomo XVI, 1885, Pág. 375)

Es, en verdad, gran recompensa que la oración fervorosa arranque favores del cielo, y convierta al que lo hace, (con tal de rezar con reposo), en colaborador de la redención del mundo”.
(L. S. Tomo XI, 1880, Pág. 91-92)

El que ora por sí mismo hace bien; pero el que eleva preces a Dios por los demás, hace mejor, y ora al mismo tiempo por sí mismo, porque ejerce su oficio de una manera más excelente”.
(L.S. Tomo XXI, 1890, Pág.224)

El Señor conoce las necesidades espirituales del adorador, y éste, al hacerle compañía, encontrará, a no dudarlo, ante el Sagrario una luz viva que alumbre su entendimiento y una voz íntima que le lleve a la conversión que conduce a la vida eterna”.
(L.S. Tomo I, 1870, Pág. 330)

La limpieza de nuestra conciencia, la pureza de nuestra conducta y la observancia cuidadosa… son las armas de nuestra Guardia de oración”.
(L. S. Tomo XI, 1880, Pág. 93)

Celo apostólico

En presencia del audaz triunfo de la impiedad, de los desesperados esfuerzos de la herejía, de la fría indiferencia de la mayor parte de los católicos, todo hijo de la Iglesia debe sentir un deseo ardiente de tomar parte en la lucha suprema entre el bien y el mal”.
(L. s. Tomo VII, 1875, Pág.393-400)

Ante la negación de Dios, no hay más que una respuesta: la enérgica afirmación del Dios vivo, del Dios con nosotros en la Eucaristía”.
(L. s. Tomo 7, 1875, Pág.393-400)

A las blasfemias cínicas es preciso oponer aspiraciones sublimes, ya no es posible ser cristiano a medias… es preciso declararse, es preciso gritar, o viva el materialismo o viva JESUCRISTO”.
(L. s. Tomo 7, 1875, Pág.393-400)

El periodismo es un instrumento bueno, creado e inmediatamente corrompido por la revolución moderna y que debe ser regenerado por los periodistas católicos”.
(L.S. Tomo VII, 1876, Cubiertas del cuaderno 2º)

Ante la propaganda del mal, hay que oponer la propaganda del bien”.
(L. S. Tomo XVI, 1885, Pág. 69-69)

Los tiempos son malos para la fe, porque nada en el mundo la favorece, pero como el cimiento de las obras no está en el suelo, sino en el cielo, la divina gracia se manifiesta más activamente, cuanto más necesaria es su omnipotente influencia”.
(L. S. Tomo III, 1872, Pág. 12)

A nosotros, que conocemos la incomparable dicha conversar con nuestro Dios, que tenemos esta dulce y feliz costumbre, a nosotros incumbe el sagrado deber de dar a conocer y propagar por todas partes esta obra de oración tan necesaria”.
(L. S. Tomo XVI, 1885, Pág. 68-69)